23 diciembre, 2010
Un calendario para sobrevivir y soñar
Felicitación navideña 2010
30 noviembre, 2010
Amor y guerra y figuritas de porcelana
(Ilustración: EFE/Un tanque ruso decorado con flores rojas en Praga)
02 noviembre, 2010
Doblan las campanas para un adiós
(Escrito y leído para CanariasAhora Radio el día 2 de noviembre de 2010)
Doblaban las campanas en la iglesia del pueblo. Los lugareños pululaban por los alrededores como esperando algo, un no sé qué. Un hombre, enjuto y vestido de negro, se paró en seco en medio de la plazoleta, cerró los ojos y quiso sentirse aislado de todo, quizás intentando alejarse algo de la vida, de su vida, y de hallarse un poco muerto, también. Las campanas seguían majaderas. Un niño se acercó al hombre, tiró de su pantalón y le preguntó algo así como si estaba durmiendo de pie, pero el hombre no se inmutó, no movió un solo músculo de su cuerpo, es más, parecía que no respirara. Con una sonrisa pícara, el niño adoptó la misma postura, frente a frente, tal vez tratando de averiguar qué podía sentir el hombre de aquella manera, como un pasmarote idiota, o simplemente deseando estar mucho más cerca de él, seguro. Lejana, se escuchó la voz fea de una mujer que gritaba tratando de llegar al lugar cuanto antes. Y no se supo nada más de los dos, lo juraron todos hasta la extenuación.
19 octubre, 2010
El amante embeleso
(Ilustración: Desnudo en un sillón/Renoir)
(Escrito y leído para el IV Memorial Dolores Campos Herrero el día 18-10-2010)
27 septiembre, 2010
El mendigo ilustrado
14 septiembre, 2010
Masticando la desdicha

(Escrito para CanariasAhora Radio y leído en su programa "El Correíllo" el día 14 de septiembre de 2010)
El muchacho estaba esquelético, comido por la droga. Brincaba, más que caminaba, o es que tenía una pierna más corta que la otra. Llevaba unas botas rotas, un pantalón vaquero muy sucio y un chaleco del mismo estilo, sin botones, que dejaba ver su torso desnudo lleno de cicatrices, inundado de tatuajes de todos los colores. Marchaba junto al hombre serio, ya contento porque había recaudado para la ración diaria.
Cuánto deseaba llegar a las chabolas de Risco Prieto, donde cada noche acudía para comprar la droga. Esperaba que no le entraran los temblores, pero si ocurría antes de que sacaran lo necesario de la basura del supermercado, él le diría a los colegas que el hombre serio ocuparía su lugar, sería el primero en revolver el contenedor, y hasta a lo mejor le tocaría un trocito de brazo de gitano para los dos, bueno, para los tres, porque también contaba a su perrita con quien masticaba cada día el silencio de su desdicha, también de su inmensa soledad.
01 julio, 2010
Premio Nacional Fin de Carrera en Economía

El pasado día 25 de mayo, en el Auditorio Nacional de Música de Madrid, el ministro de Educación, Ángel Gabilondo, le entregó a Eduardo Dávila Ramírez el Primer Premio Nacional a la Excelencia en el Rendimiento Universitario en Economía correspondiente al curso 2007-2008. Eduardo alcanzó la mayor puntuación no sólo en su licenciatura, sino en todas las carreras que se cursan en España, logrando 17,14 de nota ponderada.
En la actualidad, Eduardo Dávila está cursando el 2º año del doctorado (PhD in Economics) en la Universidad de Harvard, en Estados Unidos.
http://www.rtve.es/noticias/20100525/conjurar-paro-epoca-crisis-mejor-expediente-universitario-toda-espana/332557.shtml
17 junio, 2010
Un flash del gaucho Benedetti

(Ilustración: Griverol/Drama de género)
(De la novela "La calle de La Concordia" y leído en CanariasAhora Radio en su programa "El Correíllo" el día 15 de junio de 2010)
—Si hay Dios me perdonará.
—Lo hay, Miguel Arcángel, lo hay.
Con la mano muy firme se acercó a ella, la miró fijamente a los ojos y empujó el cuchillo justo hasta el mango a la altura del corazón: ni un quejido siquiera, para despedir a la vida, dejó escapar la madre de Marilina; entonces, manteniendo el cuerpo ensangrentado de su mujer, el gaucho Benedetti, le extrajo el arma y luego procedió a tumbarla a lo largo del banco.
Segundos después, una milonga, unos versos de José Hernández, una voz firme y cruel, comenzaron a escucharse en la calle de
“Cantando me he de morir.
Cantando me han de enterrar.
Y cantando he de llegar
Al pie del Eterno Padre:
Dende el vientre de mi madre
Vine a este mundo a cantar”.
Pero en aquel momento, el gaucho Benedetti ya sabía, por haberlo comprobado, que él vino al mundo a otra cosa muy distinta que la de cantar.
11 mayo, 2010
La llamada de la triste verdad

(Escrito para CanariasAhora Radio y leído en su programa "El correíllo" el día 11 de mayo de 2010)
Era un hombre feliz. Acabó de quitarse la ropa en el baño. Meó en el lavabo y se miró en el espejo con una sonrisa abierta. Cuando le llegó el olor de la comida que le preparaba su mujer, sin dudarlo, mientras se ponía un pantalón corto y una camiseta con publicidad de unos grandes almacenes, se consideró afortunado por la esposa que le había tocado, porque gracias a ella, tan ahorradora aunque él no se lo podía explicar, en pocos años, ya tenían la casa pagada y ahora se habían comprado el apartamento, lo que le permitiría los fines de semana pasear por la playa al amanecer y correr chapoteando a la hora del ocaso y tomarse una cerveza en el balconcito escuchando sólo el rumor del mar, tan distinto al ruido ensordecedor de las máquinas de la fábrica. Pero sonó el teléfono y lo cogió para su desgracia, porque en aquel instante se acabó toda la ilusión y el amor que guardaba dentro el pobre hombre.
14 abril, 2010
La espalda del espejo

(Escrito para CanariasAhora Radio y leído en su programa "El correíllo" el día 13 de abril de 2010)
No entendía cómo se había podido casar con él. Allí estaba leyendo El Quijote, por enésima vez, y no lograba concentrarse, pues sólo pensaba en lo que se había convertido su vida: al fin una línea de gráfico plana, sin altibajos, como si fuera una monja de clausura, aunque no creía que ninguna monja se tuviera que acostar cada noche con semejante hombre, siempre detrás de otras mujeres.
—Me tengo que ganar el cielo, si el cielo se consigue no habiéndole sido infiel ni con el pensamiento —balbuceaba la pobre mujer.
—¡Una santa! ¡Una santa es la pobre! —dijo él.
Federico y Herminia caminaban por el pueblo cogidos de la mano, como siempre, porque nunca se les había visto de otra manera; y la gente pensaba la buena pareja que hacían; lo bien que se llevaban; los tantos años de casados en plena armonía, felizmente casados, como no se cansaban de repetir.
—¡Qué envidia, madre! —dijo una mujer con cara de pena.
—El espejo nunca enseña su espalda, mi hija —replicó la madre.
13 abril, 2010
El amigo que llegó de la oscuridad

(Escrito para CanariasAhora Radio y leído en su programa "El correíllo" el día 16 de marzo de 2010)
Miraba la luna como si no la hubiera visto nunca, y se le escondía a cada instante, furtiva adrede. Cerraba y abría los ojos de vez en cuando. Cientos de pájaros revoloteaban a su alrededor, todos negros, pero no eran mirlos. Un temor profundo se apoderó de él y quiso levantarse, alejarse de aquel lugar que le empezó a parecer maldito, pero no podía, quizás porque su ánimo no le daba para nada más. Entonces decidió acurrucarse allí mismo, esconderse de la luna y de las bandadas de pájaros que iban y venían por decenas, quizás de su vida, hasta que alguien, sigiloso, como llegado de la oscuridad, le posó su mano en el hombro, y aquella mano le pareció humana, pero craso error, no era humana, ni muchísimo menos, sino más excelsa y amistosa y entregada que la de ningún ser humano, porque lo notó enseguida, a ciencia cierta, y no estaba equivocado: su perro, de nombre Bosquimano, quería sacarlo del abatimiento en que se hallaba, y a fe que lo consiguió, como nadie hubiera podido hacerlo, poniéndole con delicadeza y amor la pata encima de su hombro desgajado.
23 febrero, 2010
La barba picante

(Escrito para CanariasAhora Radio y leído en su programa "El correíllo" el día 23 de febrero de 2010)
Sentado en la azotea, mientras escuchaba una y otra vez a su venerado Bruce Springsteen, observaba las evoluciones de una mosca majadera a su alrededor, y pensaba, revivía más bien, su ayer no tan lejano; así, sin dejar de soltar una sonrisa, allí estaba auscultando el seno de su primer amor, acariciando la tez de su madre, riendo a carcajada limpia con sus amigos, birlando una naranja del naranjero, jugando al escondite de las caricias, en fin, abrazando a su mundo feliz. Sin embargo, poco le duró su alegría, porque la mosca intentó entrar en su boca y de un sopapo la dejó estampada a la altura de su barbilla: como siempre la discordia de la vida. Y se dijo: Ni con la memoria te dejan ser feliz. Pero muy pronto se convenció de todo lo contrario, justo cuando su niño llegó, lo abrazó y le dijo: Papá, tu barba picante ha matado una mosca.