
La vida es una cosa de pelotas en sus más variadas formas, aunque siempre redondas, porque así les salen las cosas, redondas, a los que gobiernan u ostentan el poder de alguna u otra manera y en mayor o menor grado ante el resto del común de los mortales, que no dejamos de ser casi todos, pobres idiotas que hasta nos creemos parte de un mundo donde ellos, los prebostes, nos van hurtando con el disimulo de que están ahí para defender los intereses generales o de la comunidad.
Qué cosas dice y escribe uno a veces. Quizás sea el recorrido de la vida, o el cansancio del camino andado. Pero está claro, la vida es una cosa de pelotas: a veces de baloncesto, donde unos grandullones llenos de ahínco y bondad, nos convierte en seres felices durante un buen rato, o de fútbol, menos grandes y con menos ahínco y bondad: ¡qué diferencia de deportistas, de personas!; en otras ocasiones, y atendiendo a la forma redonda de las dichosas pelotas, caemos en la cuenta de cómo se dan lindos y espeluznantes pelotazos que al final siempre pagan los mismos, y encima sin pelota de clase alguna; abundando, queriendo ver pelotas por todas partes, alucinando quizás por tanta parafernalia vital, cae uno en la cuenta de cómo las potencias del mundo se la pasan unas a otras para que prevalezca el negocio a costa de no querer rebajar el CO2, porque al parecer el futuro no importa, sólo el presente, y no digamos nada, sin ir tan lejos, sobre la forma de quemarse mutuamente por aquí en pos del poder, sin importarles si nos estamos quedando atrás respecto a otros países en superar la dichosa recesión económica: nada de aportar todos su grano de arena.
En fin, pero no todo es tan negativo, aunque sigan siendo asuntos de pelotas de la vida. Dicen por ahí, verbigracia, que España es el líder del empleo verde, aunque igual han querido decir que los cuatro millones de parados están verdes; también que en Irán los maniquíes han de estar con velos y sin curvas, será para no ver tantos desechos y rebajar el número de accidentes de tráfico; además, según el tal Chávez,
¡Mira que hay que tener pelotas! Con razón yo no entiendo nada. Estoy pensando en hacerme gótico, la verdad.